Tomado de: Revista Temas, 05-05-2010.
Fernando Barral
Psiquiatra. Jubilado.
cusido@infomed.sld.cu
La prensa y la literatura accesible sobre corrupción en nuestro país se refiere, casi exclusivamente, a la que existe en el capitalismo y a la que surgió en los países ex socialistas al desmoronarse el sistema. Es cierto que en el capitalismo es donde florece el fenómeno, hasta el punto de que su interrelación con el sistema económico-financiero y político es tan estrecha, que se hace difícil delimitar donde empieza uno y donde empieza el otro. Es en el capitalismo donde se ha desarrollado más la corrupción. Sobre todo esto hay abundante información, pero sobre la situación en Cuba se guarda absoluto silencio.
Como excepción, cabe citar las Causas 1 y 2 de 1989, (Caso Ochoa-de la Guardia) por corrupción y narcotráfico, cuyo juicio fue trasmitido íntegramente por la televisión, y acerca del cual Fidel pronunció un exhaustivo discurso en el Consejo de Estado, que fue reproducido por la prensa, y anteriormente, los casos de Diocles Torralba y Luis Orlando Domínguez, también divulgados públicamente.
Pero la divulgación de los casos de corrupción se aboca a una disyuntiva difícil. Por un lado, da armas y argumentos al enemigo, fuera y dentro del país. Por el otro, no divulgarlos afecta la relación del pueblo con los dirigentes; crea sensación de impunidad en otros individuos corruptos; y debilita tanto o más el prestigio y la credibilidad de las autoridades, que informarlos, junto con las sanciones adoptadas. Sigue leyendo












