Por: Osmany Sánchez
Hace poco una profesora me contaba sus vivencias en un colegio privado en Honduras en el que estuvo trabajando como profesora invitada hace algunos años. La profe nos contaba que lo primero que le llamó la atención fue que en la biblioteca, hermosa biblioteca según sus palabras, apenas había libros sobre la historia de Honduras y los existentes estaban en los pisos altos, casi ocultos.
En el primer piso, bien a la vista y con ediciones de lujo estaban libros relacionados con la historia de los Estados Unidos, la biografías de todos los presidentes norteamericanos, etc. En esa misma biblioteca vivió momentos tristes pues los militares norteamericanos iban a reclutar jóvenes para la guerra en Iraq y ella aunque tenía muchas ganas de hablar con ellos y explicarles que esa no era su guerra, no podía hacerlo.
Durante la exposición de un trabajo relacionado con la temática ambiental una de las estudiantes que estaba exponiendo se refiere al daño ambiental provocado por “las bombas atómicas lanzadas por la URSS en Hiroshima y Nagasaky”. La profe se vira y le dice a otro miembro del tribunal que la muchacha se había equivocado, que había dicho que las bombas atómicas las había lanzado la URSS y la otra profesora le dijo asombrada: “no, no se equivocó, es así…”
Nos cuesta pensar que sucedan cosas así, nos parece que es un cuento pero lamentablemente el hecho es real y no podemos decir que es aislado. Sigue leyendo















